jueves, 30 de junio de 2016

14ª semana del tiempo ordinario. Domingo C- 2016 : Lc 10, 1-12.17-20


En otros lugares del evangelio encontramos que Jesús manda a predicar a los doce apóstoles. Hoy envía a 72. ¿Qué nos quiere decir el evangelio de  hoy? Para ser misionero, todos por el hecho de estar bautizados, debemos sentir la llamada de Jesús para predicar el Reino de Dios. No es que nos tengamos que marchar a otro país, como a veces lo hacen algunas familias enteras (del camino neocatecumenal); sino que siempre debemos estar dispuestos a manifestar nuestra fe y la alegría de ser cristianos más allá de nuestro ambiente. Lo de mandar a los setenta y dos nos recuerda que la misión debe ser universal. En aquel tiempo 72 era el número que se creía eran las naciones todas de la tierra
Jesús les envía “de dos en dos”. Para los israelitas esto tenía importancia porque sus leyes exigían que al menos fuesen dos los testigos en cualquier juicio. Significa también que evangelizar no es obra de uno solo, sino de toda la comunidad. Sabemos que la llamada es siempre personal. También indica, que la evangelización requiere de la comunidad para ayudarse y protegerse frente a los peligros.
¿Qué debe hacer un misionero? Predicar el Reino de Dios, sanar enfermos, es decir, hacer el bien, y rezar. Misionar es necesario porque “la mies es mucha y los obreros son pocos”. Esta urgencia de entonces sigue siendo actual en nuestros días. El éxito no depende sólo de mi esfuerzo. Para ser misionero es indispensable rezar, estar tiempo con Jesús para experimentar su amor y para alimentarse de su palabra y para pedir por otros misioneros.
Los enviados por Jesús eran como los primeros, anunciadores de la presencia de Jesús. Debían ir delante por los diversos pueblos y aldeas. No les dice Jesús que es una empresa fácil. Ellos son como ovejas que van a ir a lugares donde hay lobos. Esta es una imagen viva para hablar de las dificultades. Las dificultades serán sobre todo por la maldad de muchas personas.
Jesús les pide que vayan con sencillez. Es difícil tomar a la letra los signos de pobreza de que habla Jesús; pero lo cierto es que a veces se exagera en buscar “necesidades” para la evangelización. Nuestra seguridad está  en ponerse en las manos de Dios y no tanto en los medios humanos. La misión es algo urgente y dramático, para la que se necesita estar muy desprendido de los bienes materiales. Es tan urgente que Jesús dice que no se salude a nadie en el camino. Esto se debe a que entre los orientales en el saludo no se trata sólo de un “adiós”, sino que abunda mucho lo ceremonioso: “El amor de Cristo nos urge”.
Lo primero que debe ofrecer el misionero es la paz. Aquí la paz significa el mismo don de Cristo. Es posible que sean bien recibidos, pues a seguir predicando el bien. Pero habrá muchos casos en que no sean escuchados y quizá hasta perseguidos. En ese caso estad tranquilos, porque habéis cumplido con vuestro deber, aunque parezca no haber tenido éxito. En ese caso “sacúdanse los pies”, porque Dios dará a cada uno su merecido. Si uno ha trabajado bien, aunque no se vea, siempre habrá éxito.
Ellos volvieron llenos de alegría, porque veían que hasta los demonios se les sometían. Someterse los demonios significa que se iba implantando el Reino de Dios. Estas maldades estén representadas en las serpientes, escorpiones y en Satanás que cae del cielo, porque va triunfando la verdadera paz y el amor entre los creyentes. La victoria de Jesús significa la derrota de Satanás.

Hoy Jesús también nos hace su propuesta: Es necesario y urgente ponerse en camino. Pidamos para que sea una realidad entre los cristianos.

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