domingo, 19 de junio de 2016

12 TO-C 2016

Han quedado atrás aquellos años en los que, a Jesús, se le veía como liberador; estandarte de valores humanizadores o, simplemente, como un hombre con “toque divino” pero “de los nuestros”
1. ¿Qué y quién es para nosotros Jesús?
Es difícil y fácil contestar a esta pregunta. Delicado por cuanto que,  muchos de nosotros, puede que acostumbrados a una religión cómoda,  incluso a la carta, puede que no hayamos tenido una experiencia enérgica que, luego, evidencie la presencia de Jesús en nuestras vidas.
Posible porque, por transmisión oral o escrita, familiar o social, sabemos que Jesús es Alguien que no deja indiferente a millones y millones de personas (creyentes o no creyentes)
Lo cierto es que, participar en una bonita celebración, no siempre nos descubre el rostro auténtico de Jesús. No siempre, lo estético, contribuye a una adhesión personal, radical o comprometida con la causa de Jesús. ¿Qué es Jesús para ti? ¿Quién es Jesús para nosotros? Debe de ser, ante todo, el Hijo de Dios. El Hombre que, cuando se le sigue, cambia la vida del hombre; el Enviado que, cuando nos envía, nos sentimos llamados a ser otros Cristos en medio de realidades donde, Dios, estorba o es marginado.
2. Como cristianos, además de amar profundamente a Jesús, hemos de dar un segundo paso: defender su figura frente a aquellos que, a costa de herir los sentimientos católicos, la distorsionan, la mancillan o la presentan como objeto de burla o como atractivo taquillero. ¿Os imagináis que, otras sensibilidades orientales, fueran tratadas con la misma impunidad con la que es utilizada la imagen de Jesús en algunas proyecciones cinematográficas? ¿No os parece que, en el fondo, esto ocurre porque, Cristo, no cuenta con entusiastas de su persona que la sepan defender, con todas las consecuencias, de tanto ultraje y humillación a lo que para muchos de millones de cristianos representa? ¡Hay que despertar! ¡Tenemos que despertar! ¿Ya es Alguien y algo, Jesús, para nosotros?
Un predicador les decía a sus fieles: “no hace falta que digáis quién es Jesús para vosotros; por vuestra forma de ser y de vivir, los demás lo notarán”. Conformarnos con ligeras respuestas “Jesús es mi amigo” “Jesús nació en Belén” o “Jesús murió en la cruz” no es suficiente. El día en que, nuestros deseos, actitudes, trabajos e ideales, estén traspasados por la figura y la Palabra de Jesús podremos descubrir que, Cristo, es ante todo lo que modela y da esencia a nuestra vida. Y, eso, no se dice…primero se vive.

Los cristianos debernos hacernos dos preguntas: ¿Quién es Cristo para mí? ¿Quién soy yo para Cristo?”. Reconocer a Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre obliga a volver a Cristo, es decir, alcanzar el verdadero “ser cristiano”. Todos tenemos que meditar la respuesta del apóstol Pedro, que por reconocer el primero en Jesús al Mesías, lo convierte en fundamento primero de la Iglesia. 

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