El
evangelio de este día tiene dos partes bien diferenciadas con dos temas de los
que comentaremos algo, para que cada uno medite ante el Señor lo más
conveniente.
En
la 1ª parte se habla del camino que iba haciendo Jesús, el último, hacia
Jerusalén. Al pasar por tierra de los samaritanos manda unos mensajeros a una
aldea para pedir posada; pero es rechazado por el hecho de que iba a Jerusalén.
Los samaritanos eran enemigos de los judíos y les molestaba que fueran a dar
culto en Jerusalén, despreciando quizá el templo de los samaritanos. Los
hermanos Santiago y Juan quieren que Jesús mande bajar fuego del cielo para que
les aniquile, recordando el estilo profético de Elías; pero Jesús les reprende.
No habían entendido que el espíritu de Jesús no
es de venganza. La religión de Jesús es sobre todo de amor y perdón.
A
través de la historia se han hecho muchos atropellos con motivo de la religión.
A veces hasta guerras que se llaman “de religión”. Pero eso no es religión, al
menos la de Jesucristo. Jesús está en contra
de todo lo que es fanatismo e intransigencia, pues más que religión es
exaltación del propio egoísmo y de intereses materiales.
En
la 2ª parte se habla de tres personas que quieren seguir a Jesús o Jesús se lo
pide; pero en definitiva no le siguen. A veces creemos que todo aquel que oía
el llamado de Jesús le seguía; pero no es así. Y de los que le siguieron alguno
le traicionó, otros le dejaron y los mismos apóstoles tenían muchos defectos,
que sólo los pudieron dejar con la venida del Espíritu Santo. Jesús se muestra
exigente y quizá nos puede parecer hasta duro e incomprensible o poco
condescendiente para aquellos tres.
El
primero parece que tiene buenas intenciones; pero, al presentarle Jesús lo más
duro del seguimiento, se retira. Al segundo le invita el mismo Jesús; pero
quiere ir a enterrar a su padre y Jesús no se lo permite. Ya sabemos que esto es una manera de hablar oriental para decir no que
hubiera muerto ya su padre, sino que le seguiría cuando su padre hubiera muerto
y hubiera sido enterrado. Quizá podrían pasar muchos años. Al tercero no le
deja ni despedirse de su familia. Era una manera de expresar que aquella
persona estaba demasiado apegada a su
familia como para seguir con plenitud al Señor. Jesús no habla de un
despedirse físicamente, que es bueno, sino de una actitud interior de demasiado
apego a las personas y a las comodidades materiales.
Precisamente
en la 1ª lectura de hoy se habla de la llamada del profeta Elías a Eliseo para
que fuese su discípulo. Éste era un labrador rico que está arando; sin embargo responde
a la llamada. Primero pide despedirse de su familia, para lo cual organiza una
gran fiesta de despedida. Algo así hace el apóstol san Mateo, también rico, que
organiza una fiesta de despedida con sus amigos y con el mismo Jesús.
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