Varias veces nos
muestra el evangelio el hecho de que los fariseos se acercan a Jesús para hacerle
preguntas-trampa. Esto lo solían hacer porque había diversas opiniones sobre temas
entre los mismos fariseos, o entre los fariseos y saduceos, o entre judíos
patriotas y partidarios de los romanos. La
trampa consistía en que si Jesús respondía una u otra cosa, siempre se iba
a enemistar con algunos de ellos. Pero Jesús, siguiendo la verdad y la caridad,
no respondía como ellos lo habían planeado. Hoy le preguntan sobre el
divorcio; la razón era porque había dos posturas contrapuestas entre
los entendidos o comentaristas de la ley. Unos eran tan liberales que afirmaban que el hombre podía divorciarse por
cualquier cosa, por ejemplo, que la comida que hubiera preparado la esposa no
estuviera según su gusto; otros en cambio
exigían motivos más graves.
Jesús les responde
que ni mucho ni poco, que no se pueden divorciar, aunque lo dijera Moisés. En
realidad no había sido Moisés quien lo había permitido, sino leyes muy
posteriores, y había sido por evitar, al parecer, males peores. Jesús apela a la Sagrada Escritura ,
en el primer libro, donde se expresa que la unión del hombre y la mujer forman
una unidad plena en su ser, mayor que la que se tiene con los padres. Es
una unidad tan grande que los dos forman una sola carne (un solo ser).
Para algunos les
parece algo demasiado opresivo. También les debió parecer a los apóstoles y,
por si acaso, Jesús había exagerado o se había equivocado, cuando están a solas
con Él, se lo vuelven a preguntar. Jesús les dice que el casarse con otra, y lo
mismo la mujer con otro, es cometer adulterio. Algunos ven
estas palabras en sentido represivo; pero hay que verlas en sentido positivo.
Se trata de ver la grandeza del matrimonio, sobre todo si está ratificado con
el sacramento. Es el triunfo del amor, que representa además el amor de Dios a
la humanidad o el amor de Jesucristo a la Iglesia. Y este amor es total y estable. Las
palabras de Jesús no son una imposición, sino una invitación a cultivar cada
día el amor. Esto es porque el matrimonio, como todas las cosas vivas que
tenemos, como la misma vida y la gracia, deben ser cultivadas. Y en la tierra
la vida se cultiva muchas veces con sacrificio. El amor, así como hay que construirlo día a día, también se puede
destruir día a día, si no se cultiva o se descuida.
Para cultivarlo, entre otros consejos,
decimos que hay que saber dialogar.
Para ello hay que saber escuchar, estar atentos a los detalles y estar por
encima de los sentimientos. Y también pedir gracia a Dios, ya que el divorcio
viene cuando nos domina el egoísmo, la soberbia y tantos vicios. Después del
divorcio suelen venir las consecuencias negativas para ellos y para toda la
familia, especialmente los hijos.
Hay muchas
palabras, que hoy están desvirtuadas, como es el amor y el matrimonio. El matrimonio
es la unión estable y libre entre un varón y una mujer, jurídicamente
reconocidos por el estado o por la Iglesia. Toda otra clase de unión puede llamarse
de otra manera, pero no es matrimonio, con todo el respeto. Si somos
volubles en los mismos conceptos, no es extraño que lo seamos en la
separación de esas uniones.
Termina hoy el
evangelio con una escena de niños, afirmando Jesús que debemos recibir el Reino de Dios como niños. No se trata de
recomendar una actitud ingenua y mucho menos de irresponsabilidad. Está
hablando sobre todo de acoger el Reino de Dios, y entre las cosas del Reino de
Dios están sus palabras sobre el divorcio. Para acoger estas palabras no debemos
ser egoístas o soberbios o creídos que rechazan este gran don de Dios, sino
debemos ser como los niños que están siempre dispuestos a recibir los regalos. Tener
un alma sencilla o abierta ante Dios es muy importante, porque Dios
sabe mucho más que nosotros, cuál es la felicidad que nos conviene.
Hoy más que
argumentos, veamos a tantos buenos esposos que, a pesar de las dificultades de
la vida, hacen brillar su amor, como el oro se abrillanta más con el tiempo, y
le dan gracias a Dios por ese amor que procuran aumentar cada día.
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