2ª semana del tiempo ordinario. Domingo B (2015): Jn
1, 35-42
En estos comienzos
del año, después del bautismo de Jesús, la Iglesia nos presenta la llamada de algunos de los
apóstoles. San Juan en su evangelio nos narra hoy el encuentro con Jesús de los
dos primeros apóstoles: Andrés y otro, del que no pone el nombre, pero parece
ser él mismo. Eran discípulos de Juan Bautista y la primera consideración es
que van detrás de Jesús porque se lo indica el mismo Bautista. Éste señala a
Jesús cuando pasa diciendo: “Este es el Cordero de Dios”. Parece ser que ya les
había hablado antes de aquel que debía venir detrás de él y del que no era
digno ni desatar la correa de la sandalia. Palabras estas que significaban la
grandeza de esa persona. Llamar a Jesús: el “Cordero de Dios” es una referencia
a los sacrificios de la
Pascua. Es posible que estuviera cercana esa fecha, como
igualmente la hora de los sacrificios de los corderos, que solía hacerse a las
cuatro de la tarde.
Normalmente nadie se encuentra con Cristo si
alguien no se lo anuncia. Esta es la misión de nosotros cristianos: hacer
conocer a Jesucristo entre la gente. Es nuestro deber señalar a Jesús, le sigan
o no le sigan. Claro que usaremos las palabras y expresiones que se puedan
comprender: Jesús es el que puede llenar nuestra vida y darla un verdadero
sentido pleno. Pero más que con palabras y discursos es necesario el testimonio
de nuestra vida. Decía un autor: “Sólo el que ha visto a Dios tiene
derecho a hablar de El”. Sólo el que tiene una vivencia con Dios puede indicar
a ese Dios de la vivencia. Tampoco es que sea necesaria una santidad
extraordinaria. Muchas veces viene el encuentro con Jesús por los medios
humanos sencillos: la amistad, familia, el participar de unos mismos ideales,
si juntamente se da el testimonio de la vida.
Y aquellos dos
discípulos se fueron tras Jesús. Jesús tampoco les echó grandes discursos, sino
que les invitó a ver. Es el testimonio de su vida lo que les atraerá
plenamente a su servicio. No nos dice lo que hablaron. Es muy posible que
hablasen del amor de Dios y de cómo expresarlo por medio del amor al prójimo.
El hecho es que
quedaron muy contentos y sintiendo que su vida había cambiado. Tan contentos
que Andrés se encuentra con su hermano Simón y da testimonio de lo que ha
visto: al Mesías o Cristo. Y lo conduce a Jesús. El conocimiento de Jesús lleva
a una necesidad de transmitirlo a los demás. El encuentro verdadero con Jesús
es un gozo tan grande, que desea que los demás gocen también de ese encuentro.
No es fácil ese
encuentro, porque Dios no nos quiere forzar. Más bien que buscar a Jesús sería
el dejarse encontrar por él. Para esto hay que saber escuchar la voz de Dios.
En la primera lectura de hoy se recuerda a aquel niño Samuel que oía una voz y
no sabía que era de Dios, hasta que se puso en actitud de escucha y dijo:
“Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Escuchar la voz de Dios es saber
discernir en cada momento lo que es más conforme al evangelio. Para ello
debemos poner los medios más conducentes: la oración, la lectura confiada del
evangelio, la Eucaristía
y otros encuentros eclesiales. Habrá algún momento importante en la vida en que
podemos sentir que Dios nos llama para algo grande, que nos dé sentido a la
vida. Normalmente se tratará de llamadas sencillas, particulares; pero que
deben llevar a un encuentro de Dios dentro de la comunidad. Somos personas
solidarias en el proyecto de Dios.
En realidad en nuestras vidas nos dejamos
llevar de muchas cosas. Seguimos a la moda o las ideas de un partido político o
seguimos diversas propagandas. Es como ver por los ojos de otros. Lo más
importante es seguir a Jesús, dejarnos guiar por El, porque El nos llevará por
los mejores caminos. Viviendo a Jesús es como podemos señalarlo a otros. Hoy,
quizá más que en otros tiempos se necesitan testigos: personas que, más que con
palabras, con los hechos de su vida digan: He descubierto a Jesucristo, es una
maravilla. Y con su experiencia ayuden a poder decir, como nos enseña el salmo
responsorial: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.
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