Estamos
en el último domingo del año litúrgico. Como complemento o resumen de todo lo
bueno que podemos decir y aprender de Jesús, la Iglesia nos pone en este
día la fiesta de Cristo Rey. La palabra “Rey” o reino en muchos ambientes
modernos está desprestigiada; pero siempre queda la influencia histórica y la
expresión de Jesús al comenzar su predicación sobre la importancia de
pertenecer al “Reino de Dios”. De modo que entre las peticiones más importantes
que podemos hacer a nuestro Padre Dios, es que “venga su reino”. Pertenecer a
él será nuestro fin y nuestra felicidad.
Parece
un contrasentido el hecho de que celebrando a Cristo como Rey del universo, en
el evangelio no se nos propone algún hecho triunfante de Jesús, sino que
aparece humillado ante el representante del imperio que en aquel tiempo era
casi omnipotente. Jesús ante Pilato está como un esclavo ante su señor. Sin
embargo a los tres días Jesús resucitaría triunfante y poco después Pilato
desaparecerá en el olvido.
Jesús
había sido condenado como rey falso, como peligroso para el imperio romano.
Pero allí está atado y sin ningún poder. Aun así Pilato le pregunta a Jesús si
es rey y Jesús le contesta que en verdad El es rey. Pero a continuación
testifica que su reino no es como los reinos de este mundo. En varias ocasiones
la gente entusiasmada ante los milagros de Jesús le quiso proclamar como rey.
Especialmente cuando la multiplicación de panes y peces pensando egoístamente
que con un rey así, no les iba a faltar el pan de cada día. En otros momentos
eran los mismos discípulos los que creían que Jesús iba ya a instaurar el reino
al estilo del rey David. Les costaba entender que su reino no era como los del
mundo, que se basan en la fuerza, en el dinero o en el poder. Su Reino, como
nos dice el prefacio de la misa de hoy es un Reino de verdad y de vida, de
santidad y de gracia, de justicia, amor y paz.
Su
Reino es sobre todo de verdad. Ante Pilato proclama Jesús que El ha
venido a proclamar la verdad. La mentira es el emblema del demonio. Con
frecuencia vemos que muchos para conseguir el poder se basan en la mentira. No
están en el lado de Jesús. Pilato preguntó qué es la verdad, pero no quiso
escuchar la respuesta. Estaba demasiado convencido de su verdad, que era su
propia política, su comodidad y su egoísmo. Nosotros, para participar del Reino
de Jesús, debemos estar atentos a su verdad, que nos la va proclamando a través
de todo su Evangelio cada domingo.
El
Reino de Jesús tiene una dimensión muy diferente de los reinos de este mundo.
Es un reino de amor, de gracia y de paz, un reino que está por encima de
las ambiciones humanas. Por eso aquellos que tienen ambiciones terrenas, aunque
estén muy metidos entre cosas
religiosas, están fuera, al menos entonces, del reino de Jesús. Es un reino que
comienza ahora, pero que tendrá su culminación o plenitud en la otra vida. Es
como un grano de mostaza pequeño, pero que se va agrandando, aunque se le note
poco. Es como un fermento que está en el mundo; es como un tesoro escondido en
el campo.
En
fin, que el centro de nuestra vida y predicación de la Iglesia debe ser el Reino
de Jesús, y su realización será la unión de todos los bienaventurados en el
cielo. Es un punto de referencia para nuestra esperanza. Es un mensaje de
optimismo, porque sabemos que Cristo triunfará y porque sabemos que en verdad
se va realizando en la vida de la
Iglesia y en muchos corazones que buscan el bien. Es rey
porque con su sangre mereció la redención de todos los pecados. Por eso debemos
servirle. Servir a Cristo es tener la verdadera libertad. Para ello escuchemos
su voz y le sigamos. El debe reinar sobre nuestra inteligencia, sobre nuestra
voluntad y nuestro corazón, porque El es amor. Y en verdad ha sido correspondido
por millones de discípulos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario