Con este domingo
termina el Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco, sin duda un
tiempo que nos ha recordado muchas cosas, sin ir más lejos, cuales son las
Obras de Misericordia corporales y espirituales. En estos meses hemos podido
decir: dichosos los que se saben pecadores perdonados. Como dice la oración
preparada para la ocasión: “Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo
de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena del buscar la
felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido”.
Acaba también el Año
litúrgico con la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, es esta una
celebración instituida en 1925 por el Papa Pio XI. El Evangelio de este domingo
nos recuerda como Jesús es Rey: “Se burlaban de él también los soldados, que se
acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: Si eres tú el rey de los judíos,
sálvate a ti mismo. Había también por encima de él un letrero: Este es el rey
de los judíos”. Es un rey del que se burlan todos los que están alrededor de la
cruz, una cruz que era el castigo, que los romanos reservaban para los rebeldes
contra el poder establecido.
Pero Jesús, no había
hablado contra la ocupación romana, promovía la paz, no era zelota, ni creó un
movimiento revolucionario, ¿porqué no matarlo apedreado como hacían los judíos
y no en una cruz reservada para los delitos políticos?. Quizás porque había
proclamado un Reino y de éste sí que era rey, que no estaba cimentado sobre el
poder y el dinero, sino sobre la honestidad, la igualdad de todas las personas,
la bondad y la ayuda a todos los que sufren. Es un Reino, que aún choca hoy,
con todos los que quieren basar el poder, en la seguridad, el orden, la
economía y el mercado.
Incluso “uno de los
malhechores crucificados lo insultaba”. “El otro, increpándolo le decía (…)” y
termina pidiendo: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. En verdad
te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”. La misericordia se muestra en todo
momento y con todos, este es el reinado, su forma de reinar, ya había dicho en
otra ocasión a los discípulos: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes
de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre
vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y
el que quiera ser primero, sea esclavo de todos” (Mc 10, 42-44). Su reino es el
servicio, su corona de espinas, su trono la cruz, su legado el perdón, incluso
a los enemigos y a los que le están matando. Difícil seguirlo, hay que tomar su
cruz.
Esta fiesta resume
muy bien, este ciclo litúrgico en el que hemos sido guiados por San Lucas, la
misericordia con los más pobres y necesitados, el perdón es “el rostro visible
del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el
perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro
visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso. Tú has querido que también tus SACERDOTES,
fueran revestidos de debilidad, para que sientan sincera compasión por los que
se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de
ellos, se sienta esperado, amado y perdonado por Dios. Manda tu Espíritu y
conságranos a todos con su unción, para que el Jubileo de la Misericordia, sea
un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar
la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los prisioneros y
oprimidos y restituir la vista a los ciegos”
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