miércoles, 12 de octubre de 2016

VIRGEN DEL PILAR PATRONA DE LA HISPANIDAD.

En esta celebración de hoy, convergen distintos sentimientos hispanos, conmemorativos, patronales y –cómo no- la hermandad de todos los pueblos de habla hispana. María nos empuja y nos lleva hacia el pilar de nuestra fe que es Cristo. Una fiesta, la del Pilar, que arranca en los inicios del cristianismo –en las horas bajas de Santiago Apóstol a su paso por España- y que le infundió ánimo y constancia en su labor misionera.
1. No podemos entender a María sin Cristo. Cristo es el camino pero, María, es un atajo por el cual nos podemos llegar más y mejor hasta Él. Cristo es el centro de nuestra fe, pero con María, aprendemos –en la escuela de su sencillez, obediencia, alegría, pobreza y disponibilidad- a ponernos en camino para encontrarnos con Él. Por lo tanto, decir Virgen del Pilar, es decir “Cristo ha de reinar”. La mejor flor y el más armonioso himno, la más rica corona o el más suntuoso manto siempre será eso: descubrir, creer y caminar con Jesús. Peregrinar hacia el Pilar de Zaragoza o celebrar la fiesta del Pilar sin ir al corazón de Cristo, sería tan contradictorio como ir al mar en un día de sol y quedarnos en la arena sin tan siquiera tocar el agua.
La Virgen María, es una base que da sustento a nuestra espiritualidad. Es dejar que, Dios, ponga fondo –buena falta que nos hace- a lo que decimos ser y practicar. Es, entre otras cosas, caer en la cuenta que –tal vez- creer es fácil pero no resulta tan fácil dar razón y testimonio de lo que creemos. ¿No será esta la causa, primera y última, de que otros levanten edificaciones sociales, culturales, políticas o económicas –sin referencia a Dios- porque nosotros no hemos ofrecido pilares con el resorte del evangelio? ¿A qué esperamos?
            2. María, sigue estando introducida en el sustrato y en las entrañas de nuestros pueblos. Asomarse a  Zaragoza y contemplar las torres del Pilar, es una llamada a vivir con los pies en la tierra pero sin apartar los ojos del cielo:  como Ella, como María, como lo hizo María. Por ello mismo damos gracias a Dios. Por esta criatura tan privilegiada. Ella refleja perfectamente al cristiano que busca a Dios. A las personas que, con sencillez y verdad, intentan vivir su fe y la  transmiten como cauce de salvación y de oxigenación a este mundo tan corrompido. En ese sentido, por qué no decirlo, en cuanto que está muy cerca del pilar de nuestra fe (que es Jesús) también, María, se convierte en una columna que ayuda y mucho a sostener la fe de millones de hombres y de mujeres.

            3. Como hace siglos, María sigue señalándonos el lugar donde hemos de levantar un templo para Dios. Ese lugar, confundido por tantos amores, traspasado por tantos odios y preocupaciones es el corazón del hombre. Que en este día de la Virgen del Pilar nos comprometamos como cristianos a dejar el mejor solar de nuestros corazones para Dios. Para que el Espíritu Santo realice a través de nosotros obras, sino tan grandes, sí tan leales y nobles como las que se llevaron a cabo en Santa María.

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